"Más vale morir por su odio, que prolongar la muerte sin tu amor." -Romeo y Julieta-

lunes, 11 de enero de 2010

Y a lo lejos...París...


París, 1920



No se nos daba bien las despedidas, nos resultaba más fácil decirnos adiós con la mirada, parecía que tenía más sentimiento que decir : Adiós, espero verte pronto. Te quiero. Yo prefería hacerle sentir todo lo que le quería con un beso, con una sonrisa, con una mirada o simplemente con el silencio que tan amargo era, pero que demostraba las pocas palabras que valían para hacernos saber que nos dolía la despedida. Porque dolía. Y mucho.

Suspiró varias veces seguidas intentando decir algo, pero no podía... a lo mejor le pasaba como a mi. Un nudo en la garganta que impedía que las palabras salieran. O a lo mejor prefería no hablar. A lo mejor le dolía más decir adiós que a mí.
A lo lejos París lloraba nuestra despedida. Se quedó triste y la Torre Eiffel terminó su espectáculo de luces, de las nueve en punto, justo cuando el tren avisaba de su llegada. Estaba segura que la ciudad del amor estaba de luto por nosotros. Dos almas destinadas a separarse, que sabiendo que no podían enamorarse, testarudas, lo hicieron.

-Debo subir al tren-murmuré. Él guardó silencio.

-¿Debes?

-No volvamos al tema, Max-dije cruzándome de brazos-Sabes que me duele tanto como a tí irme, pero debo hacerlo... sabíamos que esto no podía ser.

-Es injusto-dijo frunciendo el entrecejo.

-Lo sé... me hubiese gustado conocerte antes, todo hubiera sido más fácil-dije rozándole la mejilla con mi mano enguantada-Y todo más feliz... pero ya sabes que debo volver a Sevilla, a mi casa. Allí me está esperando para casarnos y aunque no lo deseo, debo hacerlo.

-Si no lo deseas, ¡no lo hagas!-exclamó desesperado y me cogió de las muñecas-No dejaré que te vayas.

-Max... debo irme, mi padre se enfurecería si le dijera que planto a un buen hijo de familia importante, por un frances bohemio, que toca la guitarra en Montmartre y que ha "desflorado" a su princesita-dije soltándome-En España las cosas funcionan de manera distinta, Max. No son tan liberales como aqui.

-Me da igual, Elisa, quédate...podemos quedarnos aquí en París, dejaré la guitarra si hace falta y Montmartre, trabajaré y te haré feliz, pero por favor quédate.

En la garganta tenía un desesperado por salir, me daba igual todo en ese instante. Los ojos se me llenaron de lágrimas y grité que si, grité fuerte liberándome de todo, del yugo de la sociedad y de sus normas, de mi padre y de mi prometido. Sólo pensé en su mano agarrada con fuerza a la mia y de no asfixiarme por la carrera de regreso al cobijo de las luces de la señora Eiffel, de las sombras de amor de París. Mi nuevo hogar.

-Max...-le llamé-Te quiero.

Y la Torre Eiffel se encendió de nuevo alegre...


[La foto la hice yo cuando fui a París hace un año]

7 comentarios:

  1. París es una ciudad bellísima y mágica. Es normal que pasara lo que pasó entre ellos dos.

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  2. Oh, qué bonito :)
    Hay que escuchar al corazón y no a las palabras de obligación de los demás.
    ¡Un besazo!

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  3. ¡Oh! Que bonito!
    que bello que escuchó su corazón y seguió adelante.:)
    Hermosa historiaaa:) A medida que la leí podía imaginar la situación^^

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  4. QUE BLOG TAN DUCE TIENES, ME HA ENCANTADO. TE SIGO :)

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